Punto de partida
El esmalte no envejece igual que la sonrisa que lo rodea
Los dientes no pierden su brillo de un día para otro. Es un proceso lento y silencioso, donde cada taza de café de la mañana, cada copa de vino tinto los viernes y cada cigarro cuentan. Las moléculas pigmentadas que contienen el café, el té, los curris, los refrescos oscuros y la nicotina se anclan a los poros del esmalte y a la capa de dentina que hay justo debajo, formando una sombra que el cepillado normal no puede levantar.
A ese pigmento externo se le suma una segunda razón, esta vez biológica: con los años, el esmalte se adelgaza por la masticación y el reflujo ocasional, y la dentina amarillenta del interior se transparenta cada vez más. El resultado es una sonrisa que se ve apagada incluso cuando la higiene es impecable. Por eso una buena limpieza profesional ayuda, pero no devuelve por sí sola el tono original: solo el blanqueamiento actúa sobre las moléculas que generan la mancha.
En Sonrisanas planteamos el blanqueamiento como un tratamiento controlado, escalonado y respetuoso. Estudiamos tu caso antes de empezar, valoramos si necesitas una restauración previa y elegimos contigo la modalidad que mejor encaje con tu día a día: en casa, con cubetas a medida, o en clínica, con activación por luz LED.
El blanqueamiento dental no es una técnica cosmética agresiva: es un procedimiento clínico que merece la misma planificación que cualquier otro tratamiento estético serio.