Dejar el dominio y el alojamiento a nombre de la agencia
Cuando me encuentro con un cliente que quiere que me encargue de todo el proyecto, lo primero que le pregunto es quién será el titular del dominio y del alojamiento. En muchos casos la agencia se ofrece a gestionar esa parte “para que no te compliques”. Lo que parece una ayuda suele convertirse en un “secuestro” encubierto: el registro queda a nombre de la propia empresa y el cliente pierde el control de su propia dirección web.
Legalmente, el dominio es un activo digital como cualquier otro. Si está registrado a nombre de la agencia, tú, como propietario del negocio, no puedes transferirlo sin su autorización. Eso bloquea cualquier intento de migrar a otro proveedor, de negociar mejoras o de cambiar de agencia cuando el servicio no cumple tus expectativas. Cuando finalmente decides rescindir, lo primero es comprobar quién figura como titular del dominio; si no eres tú, deberás solicitar la transferencia antes de buscar un nuevo diseño web.
- Imposibilidad de cambiar de hosting sin perder el dominio, lo que obliga a seguir pagando un servicio que no te convence.
- Dependencia total para renovar el dominio; si la agencia olvida el pago, el dominio puede caducar y desaparecer.
- Riesgo de suspensión del sitio si la agencia deja de cubrir los costes de alojamiento o de la certificación SSL.
- Dificultad para vender el negocio con su marca online, porque el comprador no podrá obtener la URL sin negociar con la agencia.
- Pérdida de control sobre la configuración DNS, lo que afecta al posicionamiento SEO y a los correos corporativos.
Te pongo un caso real: hace dos años trabajé con el restaurante “Can Cullerot” en el Eixample. El propietario me pidió que gestionara dominio y hosting bajo mi nombre para “ahorrar tiempo”. Cuando, tras un año, quiso pasar a otra agencia porque necesitaba una tienda online más robusta, descubrimos que el dominio estaba a nombre de mi estudio. Tuvimos que abrir un ticket de transferencia, esperar semanas y pagar una tarifa de liberación. Si desde el principio hubiéramos registrado el dominio a su propio contacto, el cambio habría sido inmediato y sin sobresaltos. Por eso siempre exijo que el cliente sea el titular del dominio y que el alojamiento esté bajo su propia cuenta o, al menos, con acceso total. Así mantienes la libertad de negociar, de migrar y de proteger tu marca.
Aceptar contratos con cuotas mensuales obligatorias de por vida
Uno de los mayores errores al contratar diseño web es caer en la trampa del alquiler encubierto. Me refiero a esos contratos donde una agencia te promete crear tu página sin apenas desembolso inicial a cambio de una cuota mensual perpetua. Sobre el papel parece tentador para arrancar sin descapitalizarte, pero la letra pequeña esconde una trampa demoledora: la web nunca es tuya. El día que decides rescindir el servicio, bajan el interruptor, borran el servidor y te quedas con una mano delante y otra detrás, perdiendo los textos, las imágenes y todo el posicionamiento que habías ganado con los años.
Conviene separar el grano de la paja, porque a menudo se confunden dos conceptos muy distintos:
- Mantenimiento técnico legítimo: es un servicio mensual voluntario para actualizar plugins, gestionar copias de seguridad externas, monitorizar la seguridad y resolver incidencias. Si dejas de pagarlo, tu web sigue funcionando en tu hosting y conservas hasta la última línea de código.
- Modelo de suscripción cautiva: pagas una mensualidad fija que incluye la supuesta propiedad de la web. En realidad, estás en un régimen de alquiler forzoso sobre una infraestructura de la que no puedes migrar. Si cancelas el contrato, la web desaparece.
Recuerdo el caso de un instalador de climatización de Poblenou que llegó al estudio desesperado. Llevaba cuatro años pagando religiosamente una cuota cada mes a una plataforma de estas características. Cuando quiso añadir una pasarela de pago para vender repuestos y su proveedor no le daba soporte para esa integración, intentó cambiar de agencia. Fue imposible: no le facilitaron accesos FTP, ni base de datos, ni una copia en WordPress. Tuvo que volver a pagar desde cero un desarrollo completo para no perder los clientes que ya le entraban por internet.
Una pyme debe ser la propietaria indiscutible de su activo digital desde el mismo día de la entrega. El diseño, el código y los contenidos tienen que ser tuyos sin condiciones. Externalizar el mantenimiento técnico tiene todo el sentido del mundo si no dispones de tiempo o conocimientos para lidiar con parches de seguridad, pero esa relación debe basarse en la confianza y el buen servicio, jamás en una cláusula que te obligue a permanecer cautivo para no perder tu presencia online.
Firmar presupuestos cerrados sin un alcance detallado por escrito
Cuando me llamas y ya tienes un presupuesto cerrado en una sola página, la primera señal de alarma suena en mi cabeza. Sin un documento que detalle cada funcionalidad, lo que parece una oferta clara se vuelve una zona gris. Yo suelo preguntar: ¿Cuántas plantillas incluye? ¿Qué formularios están contemplados? ¿Hay alguna pasarela de pago o integración con tu gestor de reservas? Si la respuesta es “todo lo que necesites”, el riesgo de sorpresas al final del proyecto se dispara.
La ambigüedad del alcance genera discusiones cuando, a mitad del desarrollo, solicitas un ajuste que el diseñador no había previsto. Cada cambio menor se traduce en una factura extra porque, al no estar escrito, el cliente asume que estaba incluido. Yo he visto cómo un proyecto de cinco páginas se infló a ocho, con costes inesperados en la adaptación de un formulario de reserva y en la integración de Google Maps, todo porque el contrato original no lo especificaba.
Para evitar esos roces, siempre insisto en un pliego de alcance que enumere de forma explícita cada elemento. Así, ambas partes saben exactamente qué está dentro del presupuesto y qué será objeto de un presupuesto adicional. Un buen pliego suele contener:
- Número de plantillas y variantes gráficas
- Formularios de contacto, reserva o suscripción
- Pasarelas de pago y su configuración
- Integraciones con CRM, ERP o sistemas de gestión de reservas
- Funcionalidades de e‑commerce o carrito de compra
Con esa claridad, cualquier petición fuera del listado se convierte en un tema a negociar y no en una sorpresa en la factura final.
Recientemente trabajé con un restaurante del Eixample que quería una web de una sola página para mostrar su carta y permitir reservas online. Al principio aceptaron un presupuesto “todo incluido”, pero sin detalle. Cuando pedimos añadir un formulario de reserva con horarios dinámicos y la integración de su sistema de gestión de mesas, el diseñador cobró un sobrecargo porque no estaba en el documento inicial. Después de firmar un pliego que especificaba esas funcionalidades, el proyecto avanzó sin interrupciones y el propietario evitó costes inesperados.
Si no quieres repetir esos tropiezos, te recomiendo que antes de firmar cualquier propuesta solicites un documento escrito que cubra cada punto del alcance. Yo te ayudo a estructurarlo y a evitar sorpresas que pueden retrasar tu puesta en marcha. Descubre más sobre mi enfoque en diseño web y ponte en contacto cuando estés listo para definir tu proyecto con claridad.
Ignorar la base de SEO técnico durante el desarrollo
Cuando un cliente me dice que el SEO lo “añadiremos al final”, mi primera reacción es que está pensando en dos proyectos diferentes. El diseño y la arquitectura de la web son la base sobre la que Google interpreta cada página. Si la estructura no está pensada desde el primer boceto, los motores de búsqueda no podrán rastrear ni valorar el contenido, y el esfuerzo de posicionamiento se vuelve una tarea de remiendo.
He visto sitios entregados con URLs largas y sin jerarquía, con el fichero robots.txt bloqueando directorios importantes o sin un sitemap XML que indique a los bots qué páginas indexar. En esos casos, la web aparece en los resultados con poca visibilidad, y corregirlo implica volver a crear URLs, migrar redirecciones 301 y revisar cada metaetiqueta. Todo ello requiere la intervención de un especialista SEO que, además de tiempo, implica volver a probar la indexación.
Los fallos técnicos más habituales son:
- URLs sin palabras clave ni estructura lógica (ej. /page?id=123).
- Falta de etiquetas canonical que provocan contenido duplicado.
- Robots.txt que bloquea recursos CSS o JS esenciales para el renderizado.
- Sitemap.xml ausente o desactualizado.
- Ausencia de datos estructurados que ayuden a los buscadores a entender el negocio.
Corregir cada uno de estos puntos después de haber lanzado la web implica rehacer parte del código, volver a subir archivos y, en muchos casos, solicitar a Google que re‑indexe la página, lo que alarga el calendario de lanzamiento.
En el caso de un restaurante del Eixample que me contrató para su página, la agencia inicial entregó una web con URLs genéricas y un robots.txt que bloqueaba la carpeta “/imagenes”. Cuando descubrimos que los platos no aparecían en búsquedas locales, tuve que rediseñar la arquitectura, crear redirecciones 301 y generar un sitemap limpio. El proceso tomó semanas extra y, si se hubiera previsto desde el inicio, el sitio habría estado visible desde el día del lanzamiento. Al final, el cliente obtuvo una posición destacada en búsquedas de “restaurante Eixample” sin pagar revisiones costosas.
Confundir una web bonita con una web orientada a la conversión
Cuando me llamas porque quieres una web que “luza bien”, lo primero que noto es que muchos piensan que cuantas más imágenes, efectos y tipografías diferentes, más profesional será el proyecto. Esa idea nace de ver portafolios diseñados para premios y no para vender. Yo paso la primera reunión revisando qué objetivos de negocio tienes y cuántas decisiones quieres que tome el visitante, porque una fachada llamativa sin dirección clara termina en abandono.
El problema aparece cuando el diseñador se centra en la estética y olvida la velocidad. Animaciones JavaScript que se ejecutan al cargar, fondos en alta resolución y sliders infinitos añaden cientos de kilobytes que el servidor de un pequeño comercio no puede servir rápidamente. El usuario de Barcelona, con conexión móvil, suele abandonar la página si tarda más de tres segundos. Además, la falta de una jerarquía visual – botones escondidos entre bloques decorativos – impide que el cliente potencial encuentre el formulario de reserva o el número de teléfono.
Los errores más habituales que veo son:
- Usar animaciones automáticas que distraen del mensaje principal.
- Colocar llamadas a la acción en colores que se pierden entre el fondo.
- Sobrecargar la página con iconos y tipografías sin coherencia.
- Ignorar el diseño responsivo, de modo que en móvil los botones quedan fuera de pantalla.
Recientemente trabajé con un restaurante del Eixample que quería una web llena de fotos de sus platos y transiciones elegantes. Al lanzar la versión inicial, el tiempo de carga superó los ocho segundos y los clientes llamaban para preguntar si el sitio estaba caído. Rediseñamos la página, simplificando la galería a una cuadrícula ligera, poniendo el botón de reserva en la cabecera y eliminando los efectos de desplazamiento. El número de reservas online subió notablemente y el cliente me agradeció por haber dejado la belleza al servicio de la conversión.
Hoy la página carga en menos de dos segundos y los clientes la encuentran fácil de usar en cualquier dispositivo. Si quieres evitar estos errores, puedes consultar nuestro servicio de diseño web.
Delegar los textos en el diseñador sin fijar quién redacta el contenido
Uno de los mayores cuellos de botella que he visto en estos ocho años de oficio ocurre justo cuando la estructura visual está aprobada. La web luce impecable en la maqueta, pero está llena de textos ficticios en latín. Pasan las semanas, el diseñador espera el material del cliente, el cliente asume que la agencia completará los huecos, y el proyecto entra en un limbo que puede durar meses. Este es uno de los errores al contratar diseño web más frecuentes y desgastantes: dar por sentado que quien programa y maqueta también sabe cómo explicar tu propuesta de valor para cerrar ventas.
Diseñar y redactar son dos disciplinas completamente distintas. Un diseñador web organiza la información en pantalla, cuida la jerarquía visual y asegura que la navegación sea intuitiva. En cambio, un redactor de contenidos o copywriter investiga qué objeciones tiene tu comprador, qué dudas le frenan y qué argumentos inclinan la balanza. Cuando encargas una web sin aclarar este punto en el contrato, sueles toparte con dos salidas malas:
- El cliente redacta con prisas y sin ganas: agobiado por desbloquear el lanzamiento, escribe cuatro párrafos genéricos un domingo por la tarde, recurriendo a tópicos vacíos como «somos líderes en el sector» o «ofrecemos soluciones a medida».
- El diseñador improvisa los textos: para poder entregar la página y cobrar el último hito, rellena las secciones con frases superficiales que no transmiten la autoridad del negocio ni responden a una estrategia de captación real.
Recuerdo el caso de una clínica dental en Gràcia que llegó al estudio tras tener su web parada medio año con otro proveedor. Habían contratado un diseño impecable, pero nadie se había sentado a redactar los tratamientos ni las explicaciones que tranquilizan a un paciente indeciso. Al final, tuvieron que rehacer varias páginas porque el diseño inicial no encajaba con el volumen de información que de verdad requería su servicio.
Si tienes soltura escribiendo y tiempo para hacerlo, redactar tus propios borradores guiado por una plantilla de contenidos puede funcionar muy bien para ajustar la inversión. Pero si tu agenda no te lo permite, delega este trabajo en un profesional del copywriting o confirma por escrito que tu agencia incluye la redacción comercial en su propuesta antes de arrancar.
No exigir formación ni autonomía para gestionar los cambios diarios
Cuando un cliente me llama porque necesita cambiar el número de teléfono que aparece en el pie de página o actualizar la tarifa de un servicio, lo primero que escucho es la frustración de tener que abrir un ticket y esperar varios días mientras la agencia agenda la tarea. Esa dependencia absurda convierte una gestión tan simple en un gasto recurrente y en una pérdida de tiempo que se podría evitar con una formación básica. Yo mismo he visto cómo pymes que no reciben ninguna capacitación quedan atrapadas en un ciclo de “pago‑por‑cambio”, lo que a la larga encarece el proyecto y desmotiva al propietario.
Por eso siempre insisto en que la entrega incluya sesiones prácticas y un manual de usuario adaptado al nivel del equipo interno. En esas sesiones muestro cómo acceder al panel de gestión, dónde se editan los textos, cómo subir imágenes y cómo publicar un artículo sin tocar código. El manual no es un documento técnico incomprensible, sino una guía paso a paso con capturas de pantalla y ejemplos reales del sitio. Cuando el cliente tiene la autonomía para hacer estos ajustes, la agencia pasa de ser un proveedor de “soluciones a medida” a un socio estratégico que se centra en mejoras reales y en proyectos de mayor valor.
En la práctica, separo los cambios que cualquier responsable de marketing puede realizar de los que requieren intervención de un desarrollador. Por ejemplo:
- Gestión diaria que el cliente puede hacer: actualizar textos, cambiar imágenes, modificar precios o tarifas visibles, publicar entradas de blog o noticias, activar o desactivar módulos de formulario.
- Intervención técnica necesaria: modificar la estructura de la base de datos, integrar una nueva API de pago, cambiar plantillas de código, optimizar la arquitectura para SEO técnico.
Un caso que ilustra todo esto es el del restaurante “Casa del Pintor”, situado en el Eixample. Al principio, cada vez que cambiaban el menú del día o la hora de apertura, tenían que llamar a la agencia y esperar 48 horas para que el cambio se publicara. Tras una sesión de formación de dos horas y la entrega de un manual sencillo, el propietario pudo actualizar el menú desde el propio panel en menos de cinco minutos. Sólo cuando decidieron integrar un sistema de reservas online con pagos por tarjeta fue necesario que yo interviniera, porque requería ajustes en el backend y pruebas de seguridad. Esa separación de tareas les ahorró tiempo, redujo la facturación por cambios menores y les dio la confianza para gestionar su presencia día a día.
Descuidar la velocidad de carga y el rendimiento móvil real
Descuidar la velocidad de carga y el rendimiento móvil
Cuando un cliente me llega con la idea de lanzar su web, lo primero que reviso es cómo se comporta en un móvil con 3G o 4G y en una conexión Wi‑Fi lenta. Mucha gente se conforma con abrir la página en el monitor de la oficina y da por hecho que todo está bien. Esa costumbre lleva a pasar por alto cuántos segundos tarda en mostrarse el contenido a un usuario que está en la calle, con el móvil en mano.
Los problemas más habituales aparecen cuando se suben imágenes sin comprimir, se usan vídeos sin adaptar al ancho de pantalla y se cargan decenas de plugins que apenas aportan valor. En esos casos, la página se vuelve pesada y el navegador se “cuelga”. A continuación, una lista de los culpables que más frecuento:
- Imágenes en alta resolución sin redimensionar ni comprimir.
- Plugins de sliders, formularios y galerías que añaden varios cientos de kilobytes de JavaScript y CSS.
- Fuentes externas cargadas desde varios dominios.
- Recursos de terceros (píxeles, chat en vivo) que se ejecutan sin control.
- Falta de caché y de compresión gzip en el servidor.
La lentitud no es sólo una molestia estética. Cada segundo extra que tarda en cargar la página reduce drásticamente la tasa de conversión; los usuarios abandonan y los contactos potenciales se pierden. Además, Google interpreta la velocidad como señal de calidad: una web lenta se posiciona peor y el rastreo de sus páginas se vuelve menos eficiente, lo que dificulta que el contenido llegue a los buscadores.
Un caso concreto que me marcó fue el de un restaurante del Eixample que, al lanzar su sitio, no probó nada más que el escritorio. En un móvil, la página tardaba más de diez segundos en cargar y los clientes empezaron a quejarse de que el menú no se veía. Tras optimizar las fotos del menú, eliminar plugins de reservas que no usaba y habilitar la compresión del servidor, la carga bajó a menos de tres segundos. El número de reservas online se duplicó en una semana y el chef notó que la visibilidad en Google mejoró. Si te encuentras en una situación similar, lo mejor es revisar cada recurso y pedir ayuda a un profesional de diseño web que sepa equilibrar estética y rendimiento.
Preguntas frecuentes sobre Diez errores caros al contratar el diseño de tu web
¿Qué pasa si mi dominio está a nombre del diseñador web?
Legalmente la titularidad pertenece a la persona física o jurídica que figura en los registros públicos de Whois. Si tienes una mala relación con ese proveedor o cierra su actividad, recuperar el control de tu dominio exige trámites legales largos y complejos. Debes solicitar de inmediato el cambio de titular y el código de transferencia para ponerlo a tu nombre.
¿Es obligatorio contratar un mantenimiento mensual con la agencia que me hace la web?
No es obligatorio por ley ni debería serlo por contrato. Una web bien entregada debe ser tuya y funcionar sin ataduras. Lo recomendable es contratar mantenimiento si no tienes tiempo ni conocimientos para actualizar plugins, gestionar copias de seguridad y vigilar la seguridad, pero siempre como una opción libre y rescindible.
¿Por qué no sirve de nada posicionar una web si no se cuidó la base técnica?
Si la web carga lenta, tiene enlaces rotos, carece de etiquetas de encabezado coherentes o bloquea el rastreo de Google, cualquier campaña de captación o redacción de contenidos fracasará. El SEO técnico es el cimiento: sin una estructura limpia, los motores de búsqueda no interpretarán de qué trata tu negocio ni te mostrarán en los resultados locales.
¿Cuánto tiempo suele tardar un proyecto de diseño web si todo se hace bien?
El plazo medio para una web corporativa bien estructurada suele situarse entre cuatro y ocho semanas. Los retrasos casi nunca se deben a la maquetación técnica, sino a la falta de definición en los textos iniciales, la demora en la entrega de material por parte de la empresa o los cambios de criterio sobre la marcha.
¿Qué diferencia hay entre usar WordPress o una plataforma cerrada como Wix o Shopify?
En WordPress el código y la base de datos son de tu propiedad absoluta: puedes mudar tu web a cualquier servidor del mundo cuando quieras. En plataformas cerradas pagas por el uso de su infraestructura y no puedes exportar el diseño ni la lógica del sitio si decides marcharte; si dejas de pagar, tu presencia online desaparece.
¿Qué debe incluir exactamente el documento de alcance de una web?
Debe detallar el árbol de páginas exacto, las funciones interactivas, los métodos de pago o reserva, el soporte post-entrega y el número de revisiones incluidas antes del visto bueno. Si un presupuesto solo pone 'diseño de web corporativa', queda a la total discreción del proveedor decidir qué entra y qué se factura aparte.
¿Quién debe redactar los textos de las páginas principales de la web?
Lo ideal es un trabajo conjunto: tú aportas el conocimiento profundo de tus servicios y el perfil de tu cliente ideal, y un redactor o la propia agencia pule el mensaje para que sea persuasivo y respete las palabras clave de búsqueda. Dejar los textos en manos de quien no conoce el sector suele generar contenidos planos e ineficaces.
Diez errores caros al contratar el diseño de tu web: lo esencial
Crear la web de tu negocio no debería ser una carrera de obstáculos ni una hipoteca técnica con un intermediario. El secreto para no tirar recursos reside en mantener siempre la propiedad de tus activos digitales, delimitar el proyecto antes de empezar y exigir una base técnica impecable sobre la que construir tus ventas.
Si tienes sobre la mesa una propuesta que te genera dudas o quieres revisar el estado de tu página actual sin rodeos ni tecnicismos confusos, llámame al 631 736 802 o déjame un mensaje a través de nuestra página de contacto. Analizaremos tu caso con total transparencia.
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